AI Policy2026-10-25
The Verge
Pensilvania exige etiquetar los anuncios hechos con IA
Pensilvania dio un paso nuevo en el debate sobre el contenido sintético al promulgar la Ley de Publicidad Engañosa con Inteligencia Artificial. El gobernador Josh Shapiro firmó la norma, que exige avisar cuando un anuncio fue generado o alterado de forma sustancial por inteligencia artificial. La obligación cubre distintos formatos —imágenes fijas, video, audio y texto— y da a reguladores y público una vía más clara para identificar contenido que quizá no sea del todo obra humana.
La ley apunta a dos audiencias a la vez. Para los votantes, busca que sea más fácil detectar mensajes políticos que usan IA para fabricar escenas o voces realistas pero falsas. Para los consumidores, aplica expectativas parecidas de transparencia a la publicidad comercial, donde un respaldo sintético o una imagen de producto retocada podrían engañar. Al llevar la obligación de divulgación a la ley, Pensilvania trata la persuasión generada por IA como una práctica que merece etiqueta y no como una simple curiosidad técnica.
El movimiento llega mientras los estados se vuelven más activos en materia de IA, sobre todo en años electorales. Los deepfakes y las herramientas generativas de bajo costo han alimentado el temor de que el contenido falso se propague más rápido de lo que los verificadores pueden responder. El enfoque de Pensilvania no prohíbe la IA en publicidad: se apoya en la divulgación para que la audiencia sepa qué está viendo. Eso convierte la implementación y la aplicación en el centro del asunto, incluido cómo determinarán las autoridades si un contenido se modificó de forma significativa y con qué rapidez se revisan las denuncias.
Quienes apoyan la ley la ven como un modelo práctico para otros estados que quieren una transparencia mínima sin esperar a una acción federal. Las críticas pueden apuntar a si las etiquetas alcanzan, cómo afectan a los anunciantes pequeños y si los grupos políticos impugnarán las reglas. Aun así, la norma marca un giro más amplio: a medida que la IA abarata y hace más creíble el contenido sintético, los responsables de política pasan a exigir señales claras sobre cuándo la audiencia lo está viendo.