AI Infrastructure2026-09-16TechCrunch AI

El boom de la IA dispara el consumo de gas en EE. UU.

El auge de la IA podría convertir a los data centers estadounidenses en uno de los mayores consumidores de gas natural del mundo. Un nuevo análisis advierte que, para 2035, estas instalaciones podrían quemar más gas que Alemania y Japón juntos, impulsadas por la enorme demanda eléctrica de entrenar y ejecutar modelos avanzados de IA. Hace unos años, esa proyección habría sonado descabellada. Pero los campus de hiperescala ya están obligando a las eléctricas a revisar previsiones de demanda diseñadas para un consumo mucho más plano. El resultado es una colisión entre el rápido despliegue de la industria tecnológica y los objetivos nacionales de recorte de emisiones. Los data centers necesitan energía fiable las 24 horas, y las plantas de gas se pueden construir más rápido que proyectos nucleares, solares o eólicos a la escala requerida. Por eso las utilities están proponiendo nueva generación a gas para atender a los campus de IA, incluso cuando las metas climáticas piden reducir el uso de combustibles fósiles. El análisis sugiere que el consumo de gas del sector podría convertirse en un factor clave para la planificación energética, la fiabilidad de la red y la contabilidad de carbono en EE. UU. Sus defensores sostienen que el gas es un puente pragmático que mantiene competitiva a la industria de la IA mientras maduran tecnologías más limpias. Los críticos responden que una infraestructura de gas de larga vida podría fijar décadas de emisiones y frenar la transición hacia las renovables. El debate también es local: las comunidades cercanas a los data centers previstos se preocupan por la calidad del aire, el consumo de agua y el alza en las facturas eléctricas. Mientras tanto, los operadores de red deben gestionar una concentración de demanda sin precedentes, en ocasiones en regiones con capacidad de transmisión limitada. Si el pronóstico se cumple, la huella energética de la IA dejará de ser una nota al margen en la política climática. Será central en las decisiones sobre generación, infraestructura y la velocidad con la que EE. UU. puede descarbonizarse sin dejar de ser un líder en inteligencia artificial.

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