Policy2026-09-16The Verge

Encuesta: la gente rechaza la IA y sus centros de datos

Una nueva encuesta del New York Times y la Universidad de Siena reveló que el 61% de los encuestados se opone a la construcción de centros de datos destinados a alimentar tecnología de IA. El resultado apunta a un rechazo generalizado que no se limita a la IA como concepto, sino que alcanza también a su infraestructura física. Estos centros necesitan terreno, electricidad, agua para refrigeración y, con frecuencia, incentivos fiscales locales. Cuando esos costos recaen sobre una comunidad, los beneficios suelen percibirse como algo abstracto, mientras que las molestias llegan de inmediato. El sondeo también sugiere que ningún partido mayoritario obtuvo una ventaja política clara con el tema. Eso llama la atención porque las decisiones sobre dónde ubicar centros de datos se disputan cada vez más en el ámbito municipal, donde las juntas de planificación, los concejos locales y los vecinos tienen influencia real. La oposición puede frenar proyectos, encarecerlos y obligar a las compañías a repensar dónde y cómo construyen. La disponibilidad de energía, la presión sobre la red eléctrica, el ruido, el uso del agua y la transparencia en torno a los incentivos son factores que probablemente marcarán los debates locales. Para las empresas de IA, el hallazgo funciona como advertencia. El crecimiento del sector depende de una infraestructura de cómputo enorme, pero no pueden dar por sentado que las comunidades van a recibir con los brazos abiertos cada nueva instalación. Quizá tengan que ofrecer beneficios locales más claros, invertir en energía más limpia, reducir el consumo de agua y dialogar con los vecinos desde etapas mucho más tempranas. Los políticos, mientras tanto, podrían verse presionados a tomar posición a medida que el asunto salga de las audiencias de zonificación y entre en campañas más amplias. La encuesta no significa que todo proyecto vaya a quedar bloqueado. Algunas comunidades todavía podrían aceptar centros de datos si reciben beneficios económicos creíbles y garantías ambientales. Pero la magnitud del rechazo demuestra que el boom de infraestructura de la IA ya es un tema político y social, no solo técnico. Cómo respondan empresas y gobiernos podría determinar a qué velocidad y en qué lugares se construye la próxima ola de capacidad de IA.

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